CARLOS ARTURO CABALLERO MEDINA: CONTRATEORÍAS. ESTUDIOS DE CRÍTICA LITERARIA, QUIMERA EDITORES, AREQUIPA, 2017, 379 PP.[1]
Luisa Andrea Calderón
Vite[2]
En Contrateorías.
Estudios de crítica literaria, Carlos Caballero pone en evidencia la
urgente necesidad de emprender una crítica genuinamente latinoamericana,
actividad que implica la elaboración de una epistemología propia que permita
generar una interpretación y desenvolvimiento crítico lejos de formalismos y
estructuras que sobrevienen en la imposibilidad de leer y entender la realidad
de nuestros propios discursos.
El texto ofrece una experiencia
enriquecedora y didáctica, pero sobre todo muy personal. En palabras del autor,
esta es resultado de una primera mirada crítica de naturaleza historiográfica,
emotiva e inmediata a una mucho más comprometida y completa, una «militancia
crítica»; notable en la obra y lograda con precisión. Cabe añadir, consecuencia
de la práctica de este tipo de perspectiva hacia todos los discursos, que no
solo concierne a los de índole literario, sino también cinematográficos, políticos
y referentes a la blogósfera; tal cómo avizoraba en La mirada virtual (2016). Colegimos, entonces que la crítica
necesariamente debe ser plástica, no lejana a contextos cercanos y cotidianos;
un instrumento vital y de constante ejercicio. Asimismo, ha de ser fundamental
para hacer de las experiencias de lectura, más allá de un goce inmediato, algo
que nos permita entender que todos los discursos deben ser discutidos, deconstruidos
y, sobre todo, situados.
El libro está compuesto por una breve
introducción y tres capítulos, que a su vez se componen por artículos y
ensayos: “Mario Vargas Llosa, literatura y política”, “Contrateorías”, “Novela
y Violencia Política”. Es preciso señalar que cada una de estas secciones no
albergan pretensiones totalizadoras o adoctrinantes. No obstante, sí implican
una atenta lectura y dominio teórico básico, importante para un tránsito
adecuado en el texto que garantice además de la comprensión de la obra, una
oportuna interpretación y posterior ejecución.
El capítulo “Mario Vargas Llosa.
Literatura y política” se compone por cuatro trabajos académicos que versan
sobre la actividad del escritor peruano (Nobel de Literatura, 2010) en la
ficción y la crítica literaria. Del mismo modo, se expone también su teoría de
la novela, en la que Vargas Llosa sostiene la importancia de separar la novela
de la realidad. En ambos tipos de textos emana un discurso que pese a haberse
generado desde vertientes políticas distintas, en el transcurrir de su carrera
literaria, poseen una mirada hegemónica.
Es conveniente precisar que desde aquí se
evidencia la lucidez con la que Caballero realiza estos planteamientos, dado
que muchos de los cuestionamientos sobre la crítica de Vargas Llosa se han
respondido de forma subjetiva e incluso mordaz. No obstante, el abordaje del
autor permite tener los recursos que no solo dan cuenta de la ideología de Vargas
Llosa, sino también del porqué de la misma, lejos de cualquier apasionamiento o
personalización. Entre ellos, es oportuno destacar el trabajo sobre Historia de Mayta (1984) y la obra de
Arguedas en La Utopía Arcaica (1996);
pues en esta última se analiza la concepción que sobre el indigenismo posee
Vargas Llosa, resultando contradictorio con respecto a la mirada crítica hacia
la literatura peruana.
“Contrateorias”, quizá la sección
elaborada con mayor pericia e indagación, consta de cuatro artículos; desde el
primero se propone la necesidad de generar una crítica disruptiva mediante el
acercamiento al concepto de "sabotaje crítico" de Manuel Asensi Pérez:
cuestionar los discursos hegemónicos en relación a nuestro contexto
sociocultural.
En el segundo resalta lo fantástico y su
semejanza con la virtualidad en “La noche bocarriba” de Julio Cortázar sin
perder relación con el psicoanálisis, los sueños y la realidad, por lo que es
una invitación a realizar procesos intertextuales. El simplismo del poeta
Alberto Hidalgo, en relación a su propuesta estética, constituye el tercer
artículo; y, por último, “Contrateoría: el malestar de la crítica” evidencia
que lo contestatario de la crítica debe empezarse desde una mirada atenta a los
presupuestos teóricos empleados.
De acuerdo al autor, la contrateoría
implica volcar la teoría contra sí misma, dejar de instrumentalizarla y
esquematizarla para una interpretación antojadiza y parcializada que impide la
reflexión. Toda teoría al ser concebida, posee un marco político o ideológico
que de una forma u otra explica su naturaleza, pese a esto todas han coincidido
en la generación de una serie de interrogantes o contrapuntos que ponen en
discusión lo hegemónico y se contraponen al mismo y sus discursos. Al día de
hoy, sin embargo, la aplicación teórica consiste en un discurrir notoriamente
técnico, dado para la perpetuación de una instrumentalización acrítica; ello
explicaría que gran parte la crítica nacional y latinoamericana haya
permanecido durante largo tiempo sujeta al uso y enseñanza de presupuestos de
corte estructuralista, que han dado como resultado enunciaciones laxas y
alejadas de premisas que las hagan verdaderamente significativas.
El autor propone entonces, tomar distancia
de aquello que nos inhabilita con respecto a la concepción del pensamiento
crítico; así pues, debe hacerse frente y reflexionar sobre los alcances que la
posmodernidad, la cual devino en la comercialización y futilidad de la
enseñanza; y lo neoliberal, que apelando a lo inmediato ha restringido
severamente los procesos de reflexión, dando como resultado el ausentismo de
una verdadera critica en la crítica.
La falta de ejercicio de una interrogación
constante ha dejado lugar a una crítica indiferente y hasta por momentos
complaciente con elementos del poder, nada dialogante e incluso inaccesible. La
contrateoría no pretende engendrar un discurso que neutralice el resto de
perspectivas que puedan brindar los diversos presupuestos, contrariamente,
propone generar una crítica cuestionadora ejercida con la conciencia de una
precisa adaptación y estudio de estas.
Dado que la práctica de una teoría se
genera incluso antes de aplicarla sobre un determinado objeto de estudio,
constituye entonces una actitud interpretativa que plantea generar una verdadera
coherencia y ejecución en todo el proceso, lo que implica un constante
cuestionamiento de aplicación y contraste en sus presupuestos.
La última parte de la obra, “Novela y
violencia política” gira en torno a las relaciones de poder y discurso entre la
novela peruana y la violencia política, en unas de las décadas de mayor
conflicto en el país: los ochenta y parte de los noventa. La revisión de la
crítica efectuada a algunas novelas de Perú y Argentina no es gratuita, lo
expuesto en “Contrateorías” (segunda sección del libro) cobra fuerza en este
punto. Dado que existen presupuestos teóricos que, al ser abordados desde una
perspectiva lejana, no concatenan con los discursos latinoamericanos; haciendo
que se genere una interpretación simplista sobre estos, como lo vemos con la
idea de comunidad en la novela Candela
quema luceros (1988) de Félix Huamán Cabrera, que aborda la violencia del
Estado y su ejercicio de un discurso hegemónico frente a la comunidad andina
con su propio ideario. Igualmente, se hace una revisión de lo que la crítica ha
dicho sobre La hora azul (2005),
novela de Alonso Cueto. Más adelante, a través de Michel Foucault, el autor
analiza Ciencias morales (2010) del
argentino Martin Kohan, donde se visualiza el ejercicio del poder a través de
sus instituciones y cómo de forma progresiva e insospechada modifica el
pensamiento de los individuos; este artículo recurre bastante al pensamiento
del reconocido filósofo francés. En este caso, en Ciencias morales, dicha institución es, oportunamente, la escuela.
Por último, en Retablo (2004) de
Julián Pérez Huarancca, se propone una entrada psicoanalítica desde Julia
Kristeva, la cual habla sobre la violencia política en el Perú.
El libro se cierra con una precisa
bibliografía que da cuenta de la solidez del texto. Agregar estos términos
resulta ser un prometedor aporte para los estudios de crítica latinoamericana
desde nuestra región. Esta propuesta toma en cuenta los aciertos y limitaciones
de las teorías literarias a fin de ejemplificar un juicio precavido, así como
una iniciativa para repensar los estudios literarios en nuestros propios
espacios. Además, cabe mencionar la relevancia de reorientar los remanentes
críticos hacia las otredades literarias, cuya prevalencia persiste fuera de los
discursos canónicos o hegemónicos; subjetividades que necesitan una mirada
legitima para generar una verdadera experiencia “emancipadora” a través de la
crítica.
[1]
Versión corregida. Reseña publicada por primera vez en
Nuveliel. Revista de literatura y
humanidades. Año 2. Nro 2, pp. 65-69.
[2]
Egresada de la Escuela
Profesional de Literatura y Lingüística, UNSA. Docente de lengua y literatura. Certificada
por Minedu en Pensamiento crítico y creativo y Desarrollo de las competencias
socioemocionales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario