miércoles, 1 de abril de 2026

Cinco poemas de «Mudarse es un verbo de movimiento» de Adriana Maza Ríos

 



CINCO POEMAS DE MUDARSE
ES UN VERBO DE MOVIMIENTO[1]

 

 

 

Adriana Maza Ríos[2]

 

 

 



el mar siguió ahí

 

el mar siguió ahí

con sus infecciones urinarias

y sus algas revoloteando la orilla

 

me planté ante él y me cuestionó tajantemente tu ausencia

gruñendo con las rocas

 

¿cómo confesarle

que la tabla nuestra

sufrió el accidente

de mi maduración?

 

que yo causé la inundación y ahora

otros pies mojan mi cama

con pretensiones de casas arenosas

y conchas que desde el cielo oyen otra voz

 

que cobré conciencia

y abandoné la incertidumbre de flotar desnuda en altamar

por unir mi dedo eternamente

en la cueva de la madre tierra.







int. casa

 

inmóvil, los desayunos, almuerzos y cenas son el único indicio del tiempo.

el perro echado sobre los almohadones

con la luz de las 5 pm.

qué hace la tele si no es aplacar la infinitud de la soledad,

de la vejez.

las llantas de la inmovilización

conviritiéndose en reliquias del cuadro

¿jugaba carnavales?

rasgo del mes del retorno al abandono constante.

 

la abnegación que permea este viaje intercity en los márgenes de mi realidad

¿se notará?

 

he querido toda la vida que alguien (¡quien sea!) al que le importe

mire por la escotilla

me desconozca,

aterrorizado vea en mis ojos el gris

de aquello que lleva apagándose con cada soplo de vela,

se asuste de mi mudez selectivamente impuesta

de los ropajes secretos fuera de personaje

la ausencia

de mi anillo

 y decida

(¡rompa la puerta, mire al fantasma corpóreo y estatuicamente súbalo a sus cuestas!)

finalmente salvarme

y se encuentre, sin embargo,

con que aquel asiento en la esquina del antiguo sillón

me envuelve con las inquebrantables

raíces de la generación.






camino como tú, papá

 

camino como tú, papá

 

uso tus zapatos de cuero, los que usaste toda mi vida en tu trabajo

los bolsos souvenirs de tus eventos

los lapiceros que los acompañaban dentro, 

 

peregrino el mundo regida por una máxima de avance

de no quedarme atrás, de reconocer lo que he hecho solo y únicamente para mejorar

 

trabajo, trabajo, trabajo por un trabajo mejor

dejando de lado aquello(s) que pondría(n)

el sol en la punta de la piel.

 

manejando por las avenidas que no apruebas, me pregunto

si alguna vez podré usar mis zapatitos de charol,

la falda negra de mamá

y mi bividí blanco

sin ocultarme ante tu ausente presencia.

 

¿cuándo podré

darte fe de mis propios deseos

y jugar finalmente

a construir mi propia vida?

 


 



de tu única hija

 

mi mamá soltera

será hija única

alguna vez.

 

mirará a las familias numerosas y pensará

—erróneamente —

que me hizo falta un hermano.

 

que me divertiría más.

que él lucharía en el frente de mi campaña para ser adulta

que gratamente tendría a alguien eternamente atado a mí, siempre listo para oír mis penas, ser un apoyo,

tal un clon de compañía que comprende

aquello que pienso, que lloro

 

que sea aquel que fastidie a mi esposo en las cenas de Navidades

o quien llame cuando aquel esté de viaje y yo no pueda arreglar alguna fuga del inodoro

que le haga regalos chistosos a sus dos o cuatro sobrinos

después de saltar de alegría cuando aprenda que se ha vuelto tío

 

que eventualmente no tenga opción otra

que acompañarme en los ritos

que las madres, sin jamás haber querido,

abandonan para los hijos.

 

¡mamá, no!

tú me has enseñado

yo te he visto

 

sé que puedo tan sola como tú has podido.


 




tal vez le pertenezco a la neblina

 

tal vez le pertenezco a la neblina

el lugar del tacto puro de invisibilidades

o la enorme fricción de la tiniebla

 

los entes de las nubes me preguntan:

¿has visto alguna vez a una niña pequeña

con zapatos de charol

un chupetón

un cuerpo en formación

implorando un cuarto propio

una posición para dormir

un oso de peluche

y unas pantuflas para vivir?

 

no respondo

me cuentan que se ha construido una habitación en el fondo de las nubes.

es de ahí es de donde surge

el rocío que apresura la llovizna.

 










[1] Poemas tomas de Mudarse es un verbo de movimiento. Lima: Alastor Editores, 2025, pp. 61, 11, 45, 17 y 35.

[2] Poeta, literata, gestora cultural, bordadora y docente. Adriana Maza Rios, nacida en Lima (2003), se interesa por el arte relacionado a la sensibilidad afectiva de los vínculos familiares, el crecimiento y la relación con la naturaleza. Publicó su primer poemario Mudarse es un verbo de movimiento en 2024 con Alastor Editores. Ha participado como ponente en distintos coloquios y seminarios desde su experiencia académica de estudiante de Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en donde también enseña cursos de redacción académica. Tiene un gato que cree que sueña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cinco poemas de «Mudarse es un verbo de movimiento» de Adriana Maza Ríos

  CINCO POEMAS DE MUDARSE ES UN VERBO DE MOVIMIENTO [1]       Adriana Maza Ríos [2]       el mar siguió ahí   el mar si...